Mis tíos preferidos…

¿Cómo se llama tu tía o tío preferido?
Comprometedora pregunta pero de seguro la respuesta vino inmediatamente con algún olor, sabor de comida o dulce favorito. Con la sensación de una cobija tibia o un abrazo protector luego de un buen regaño de mamá o papá.
Todos tenemos un tío preferido, porque aunque seamos hijos de padres que son hijos únicos siempre hay un lazo por afinidad que,  para nuestros padres, se parece mucho al amor de un hermano  o a la complicidad de una hermana y termina por ser,  inevitablemente: Un tío preferido!
El mío se llama Orangel y sigue siendo ese  tío -que no fue papá- pero tiene el aura protectora de un padre. Todavía hoy –a mis 42 años- recibo sus buenas noches o el deseo de un feliz domingo a través de un mensaje de texto.

Siendo que este blog se enfila hacia la Lactancia Materna y Crianza Natural no había pensado en este personaje, pero el amor de Manu hacia su Tío Víctor me obliga a hacerle honor.

No voy a hondar –solo para no extenderme-  les diré qué hace especial al tío Víctor: Víctor, mi segundo hermano, es la primera figura paterna para Manu. Un modelo  que ni bordado: es alto, guapo, practica deportes, es trabajador, tiene buen carácter, sonríe, sonríe y sonríe. Ve todas las películas y sabe el nombre de todas “Las Princesas”. Su cama es: casita, cohete, cueva, palacio y lo que a Manu se le ocurre. Le presta sus libros, colores, piecitas de maquetas, todo sin chistar y además, dibuja una Minnie Mouse más linda que la de Disney –a estimar por la cara fascinada de mi hija- y para concluir esta confesión, les diré que para mí, fue una importante sensación de tranquilidad cuando andaba en la locura de cuadrar horarios de trabajo y lactancia. Y les cuento: un día me retrase un  poco para salir del trabajo  y al llegar a casa  lo encontré dando un teterito con mi leche a mi pequeña y desconsolada Manu.  Aquella humanidad de 1.76m, inexperta en el trato con bebes,  fue el único que pudo calmar el llanto desconsolado de mi hija.  Para los que me conocen no tengo ni que mencionar que lloré por ternura, por culpa, por agradecimiento y  porque si. Veía a mi hermano con el que jugué, pelié, estudié, bailé y comparto día a día, igual a mi tío Orangel:  sin hijos, sin experiencia y  lo más fascinante para mí, sin temor a ser la razón y el consuelo que, desde ese día, pone  fin a las lágrimas de mi hija.

Todos tenemos un tío preferido, que ha influido en nuestros gustos, que ha determinado la toma de alguna decisión cuando faltan nuestros padres o cuando no tenemos toda la confianza para confesarles nuestros inconfesables. Conozco la anécdota de un prestigioso locutor (al que admiro y quiero mucho) que escuchaba, por allá por los 60¨s, a los famosos The Beatles y uno de sus tíos le decía: “deja de escuchar eso, esto si es música, la música del caribe”. Hoy en día es el autor de “El Libro de la Salsa”, el mejor libro de crónicas del caribe urbano que se haya publicado.

A algunos nos ha tocado ser ese tío (a) preferido (a). Hice entrevistas para redactar este post y encontré experiencias maravillosas contadas con orgullo, sentimiento y una emotividad tan de tía y tío que no puedo creer que este personaje no tenga su día.

Así como existe el Día del Padre, de la Madre, del Niño, del Aire, del Agua, de esa enfermedad terrible,  también debe existir un Día del TIO (A). No les parece?

Espero sus comentarios y quién quita, que al final, se logre. Muchas gracias!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *